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23 septiembre 2014 2 23 /09 /septiembre /2014 18:08

IMG 153900953759049Cuando comencé a escribir estas palabras buscaba en mi memoria ejemplos de miradas “desde dentro, desde arriba” y “desde lejos” que se han dirigido hacia nuestra ciudad en todas las épocas. Aguatintas, litografías, acuarelas, dibujos, pinturas sobre lienzo, fotografías y estampas realistas; visiones, todas, que suman una gran lista de autores que han reverenciado la ciudad a través de diferentes puntos de vista con el afán de captar una imagen convertida en sentimiento poético y artístico, donde, de alguna manera, queda plasmado el arraigo hacia lo propio, que equivale decir, el sentimiento de pertenencia hacia un medio y una geografía que se cuela hasta los tuétanos y de la cual jamás podrás separarte.

 bahia 2 bahia Stgo

 Los isleños tenemos más apego a la tierra que los continentales, esta verdad de perogrullo para los cubanos alcanza una dimensión mayor. Aprendimos a cocer en nuestra propia salsa: nostalgias, morriñas, soledades, melancolías, añoranzas, y penas; también, por qué no, incomunicación, retraimiento, clausura, y todo aquello que tiene que ver más con el alma, que con el cuerpo. 

Desde mi posición de habitante de una Isla así percibo a Cuba y, sobre todo, a Santiago, y me veo atrapada en palabras archiconocidas, como que su luz y transparencia es inusual; sus colores son más brillantes dado por ese Sol que no se apaga nunca; que su cielo siempre es azul y se refleja en un mar de calma aparente y que la circunda la majestuosidad de sus montañas, siempre verdes o en tono de ocres y grises, alzadas como paredón contenedor para no dejar escapar ni un hálito de ese aliento vigoroso que nutre al santiaguero o santiaguera, que cada día asume el reto de enfrentar la vida y su cotidianidad; que sus andares, en ese sube y baja que aporta su relieve imperfecto ha condicionado la forma de ser y de expresarnos: fiesteros, musicales, locuaces; además, irreverentes y altruistas.   

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Estas aseveraciones explícitas sobre nuestro Santiago sirve de fundamento a un grupo de artistas de la fotografía o aficionados del género, que unidos por una misma inspiración artística se apropian de lo que aporta la ciudad, sus gentes y su naturaleza. La maestría de sus lenguajes artísticos está, precisamente, en fundir en una misma fotografía lo humano y lo divino de este cosmos que nos rodea y que escapa al ojo del hombre normal. El agradecimiento a todos, por ser capaces de captar para la posteridad imágenes difíciles de repetir porque provienen de un acto natural, imposible de asir por otro medio que no sea la pintura o mejor, en este caso, por la fotografía, lenguaje visual que pondera la magia que supone vivir en esta parte de la Isla. 

Los invito a buscar estas imágenes que cada día, aportan no solo cubanos y cubanas desde dentro y fuera de la Isla, sino cualquier viajero o visitante que queda prendado del sabor de su música, del encanto paisajístico que aporta la trilogía: ciudad, mar y montaña, de sus gentes que a pesar de las penurias siguen construyendo sus vidas con pensamiento de futuro. Lo malo lo sabemos todos, pero al menos hoy, quiero ponderar la fuente nutricia de la que bebí y a ella me aferro.

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Mi voz adquiere una tesitura dramática, y me apropio del orgullo con que estos artífices recrean y abordan el tema citadino. Entonces, hago mía esa canción del trovador Gerardo Alfonso que versa “Habana; ( y yo digo)“Santiago, si mis ojos te abandonarán/ si la vida me desterrara a un lugar de la Tierra / yo te juro que voy a morirme/  de amor y de ganas/ de andar tus calles, tus barrios y tus lugares….”.

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Ahí, algunos ejemplos de esas maravillosas instántaneas que nos alegran la vida cada día. 
IMG 153853600442401  Santiago 10
                                  
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9 enero 2014 4 09 /01 /enero /2014 19:15

                                                                                       - Para mí hija en su 25 cumpleaños. -

 

DSC 1194Estás embarazada- ratificó la médico de la familia. Una sorpresa sin asombro hizo que esbozara una amplia y larga sonrisa que la doctora interpretó como una actitud nerviosa ante lo que acababa de comprobar con su análisis del indeseado tacto vaginal. Y es que a las mujeres, al menos a las cubanas, nos da cierto repelús cuando, en una consulta ginecológica, nos dicen, - quítate el blúmer y súbete a la mesa-. Aquello se toma como un acto violatorio al que tienes que acceder sin remedio, ya que estás consciente de que es el único modo en que llegarán al acierto de la duda.


Y aclaro, no se trata del tacto vaginal en sí ya que hay tactos y tactos; me refiero a aquel que se asocia con el dedo del ginecólogo. Siempre me he preguntado -¿por qué los ginecólogos tienen dedos tan desarrollados?-. Y si te dicen vamos a ponerte el espéculo- ahí si sobreviene la taquicardia, porque es duro, muy frío y lo empujan sin miramientos y eso si es una sensación desagradable, yo dejaba de respirar o decía -¿doctor falta mucho?-, el pobre se debía sentir como un vil violador ante mi ansiedad. Bueno sigo, porque esto tiene tela y mi historia de hoy va dirigida a aquel cigoto que me había descubierto la doctora y subrayo, gracias que era mujer de dedos delicados.


La noticia me gustó y tomé con calma ya que, aunque no lo buscaba, siempre era algo que estaba en las probabilidades porque cada entrega de amor entre su padre y yo siempre ha sido, desde el inicio, al duro y sin guantes. Además me daba tranquilidad, había pensado que tenía un empacho o una gastritis fatal; días previos a la consulta médica, no salía de la sala de urgencias. Recuerdo, que una noche mi padre me acompañó al Hospital Militar porque había tenido 13 vómitos seguidos, no salía del baño y donde me cogiera el deseo tenía que correr, pero esa noche fue terrible, no había nada que me calmara y mis padres, siempre tan preocupados por todo, pues decidieron que ya debía acudir de inmediato al hospital. Me acompaño mi papá, ya que Ángel por esos años trabaja en la Orquesta Hanoi en el Hotel Casa Granda haciendo el show y por supuesto, era de noche; al otro día acudí al médico y pasó lo narrado anteriormente.


Con la aseveración de que mi malestar estomacal estaba descartado y sustituido por el cigoto, una palabra que aprendí, tempranamente, en las clases de biología, me gustó conocer que, aquello que me había provocado tanto malestar era en esos momentos una bolita de sangre conformada por la unión maravillosa de un valiente espermatozoide y una óvulo sata que dejó entrar al más intrépido de los cientos de miles, que se desmarcan en una carrera que tiene final cuando irrumpe dentro y, éste, el óvulo espera ansioso para comenzar el largo, maravilloso y misterioso camino que es la conformación de una vida humana, sería la felicidad más grande que me ha dado la vida, porque ser madre o padre, aunque muchos se afanen en describir o conceptualizar no tiene una revelación exacta ya que desborda el universo de definiciones que puede alcanzar la palabra hijo en toda su dimensión de bondad ilimitada.


La noticia surcó, rápidamente, puertas y ventanas de familiares y amigos, la mayoría la tomaron con alegría y otros con recelo porque yo era diminuta en edad y delgadez, una chica que no rebasaba las 100 libras de peso y además estudiaba, realizaba la carrera de mis sueños y la empresa a la que me entregaba era una carga maravillosa para siempre. Sin embargo, no hubo la más mínima duda de que a nuestro cigoto lo dejaríamos crecer, mes a mes, en paz y tranquilidad, hasta verlo convertido en feto y luego en bebé listo para formar parte de este jodido mundo que nos ha tocado vivir, pero tenía ese derecho, ya que la vida es bella pese a todas las congojas.


Ángel y yo, intuíamos hasta el día que lo concebimos, cuando lo comentamos nos miramos fijo y él me dijo - ¿te acuerdas?, ese día te dije te preñé y ahí está-. No pude menos que darle un beso y decirle - así es, yo también estoy segura que fue ese día- y así se lo conté a la doctora. Sí, porque cuando te empezaban a controlar el embarazo, en aquellos tiempos, había que ser casi exactos en la fecha de la fecundación, eso determinaba no sólo la dieta de embarazada y su duración, sino el papel que te daba la OFICODA, siglas que nunca he sabido que quieren decir, pero vital para poder comprar los pañales, ropas de bebé, es decir todo lo que se necesitaba para armar la famosa canastilla que atormentaba más, que el mismo hecho de un embarazo que crecía a ritmos normales.


Un día, en uno de los controles médicos rutinarios, me tocó el ultrasonido, porque hay que decir que en Cuba en aquellos años todo estaba bien organizado; en ese sentido, no puedo quejarme, la verdad es que me sentí cuidada y bien atendida por los facultativos. Sabían que mi factor RH negativo merecía prudencia y así sucedió, hasta el momento del parto no descuidaron de esos detalles y todo llegó a feliz término. A los 5 meses, supimos que era una nena, la doctora lo vio bien clarito, dijo que se le veía tremenda chochona y dijimos -pues seguro que no se equivoca- guiñándonos Ángel y yo con especial complicidad. A partir de ahí, continuamos nuestro andar rutinario y normal por la vida, fue creciendo dentro de mí y las sensaciones eran indescriptibles, un verdadero éxtasis, solo comenzó a embromar un poco a la altura de los 7 u 8 meses, donde le dio por moverse de arriba a abajo y viceversa, era sin parar, cada noche se formaba la fiesta del sube y baja y todos me hacían coro para ver como la nena hacía gala de sus movimientos rítmicos nocturnos en aquel salón acuático, sin tener en cuenta que el envase se sofocaba y, a veces, pensaba que un piecito o la misma cabecita se saldría por el ombligo. Nada que, ya demostraba que la noche sería la parte del día de su preferencia.


El nacimiento no fue fácil y no por ella que sí quería y sabía que estaba lista para salir al mundo, fue culpa mía y de un médico; buen galeno, tengo que reconocerlo, pero me recetó unas pastillas que nunca he olvidado su nombre: fenoterol; aquello era para endurecer el cuello del útero ya que era tanto el bailoteo de ella y tan frágil mi cuello uterino que quería salirse antes de tiempo y por eso, me indicaron esas píldoras que tomé hasta una semana antes del parto porque el médico nunca me aclaró hasta cuando tomarlas. Él se marchó a una misión internacionalista a México o Nicaragua, no me acuerdo que país, han sido tantos que es imposible acertar a cuál se fue y dicho sea de paso, jamás regresó. Entonces, me quedé huérfana de ginecólogo, y no quería ir a ningún otro por miedo a ya saben, el dedo; el mismo me había dicho que con mi problema de útero débil no se me podía hacer tactos. Además, mi embarazo calificado de alto riesgo obstétrico (ARO), esas siglas si me las aprendí, no dio quehacer, a no ser esas señales de amenazas de aborto a los 6 meses y por lo cual tomé el fenoterol hasta casi el término de la gestación.


De ahí la lucha de mi niña, ella empujaba y no había hueso que se dilatara o se abriera. Yo quería que naciera el 1 de enero y que nadie piense que es por el aniversario del triunfo de la Revolución Cubana, si porque eso se puso de moda en su época y, no tanto, por el significado del hecho histórico sino porque la que pariera el primer día de cualquier año nuevo o mejor dicho el día del aniversario del triunfo de Fidel Castro, pues se ganaba una canastilla fabulosa, no faltaba nada en aquella cesta gigante que mostraban en la tele o en el periódico, junto a la madre y su bebé. Yo pasaba de todo aquello, siempre tuve claro que lo que adquiriera fuera por nosotros mismos; del papá Estado me beneficie, a lo obligado e inevitablemente, en otros aspectos, pero mi embarazo nadie me lo condicionaba por los regalos, mi interés por la fecha era por un sentimiento propio sin mucha razón, solo me hacía ilusión parir el primer día de un año nuevo.


La fecha del parto decía 19 de diciembre pero yo sabía que no sería así, mis cuentas se enfocaban hacia fines de diciembre y principios de enero, por eso cuando la noche del 31 comencé a percibir más movimientos y no, precisamente de caderas, por el baile de la noche vieja, sino por la bebita que se preparaba para brotar, me dije -¡ lo logré! -. Pasó la noche del 31, el día 1 y nada, comenzaba a sentirme muy cansada y los punzadas aumentaban, dejamos pasar otro día y ver si me ponía a punto, ya que estar en casa de mis suegros nos daba la tranquilidad de poder llegar al hospital materno más rápidamente que desde mi casa. El día 2, decidimos irnos a nuestra casa, había cesado la lucha interna que libraba mi niña, al parecer se había quedado dormida y cogía fuerzas para seguir empujando y así separar aquellos huesos pélvicos que se empeñaban en darme quehacer.


Con una decisión disparatada, pero que no había de otra, nos fuimos a la parada de la guagua y allí en un banco vetusto y frío como la misma noche que nos envolvía, nos sentamos mi maridito y yo a esperar el milagro de la aparición de algo con motor que nos trasladara hasta Cristina y calle A. Esa segunda noche del mes de enero la frialdad provocada por un clima no usual se hizo sentir y cuando vimos que las horas pasaban y el frio se hacía intenso, decidimos volver a la casa de Martí y San Agustín. No recuerdo en que llegué a mi casa al otro día porque ya queríamos estar en nuestro rincón, tendría que preguntar a Ángel en que llegamos a casa y como fue la salida en estampida hacia el hospital, porque la batalla había vuelto a iniciarse. Llegar a casa y romper aguas fue un mismo hecho y a un tiempo, pero a estas alturas pienso que me oriné, lo he creído siempre ya que si hubiera roto aguas no hubieran esperado tantas horas para hacerme parir.


Con el miedo en el cuerpo y ante las palabras de mi madre, -¡ ha roto la fuente, hay que correr! - llegamos al hospital a las 6 de la tarde del día 3 de enero de 1989. Pasé los análisis de rutina y recuerdo, con vergüenza, como una enfermera rasuraba mi pelvis y labios mayores a golpe de cuchilla rusa de color negro, muy buenas para sacar puntas al lápiz, como lo había hecho tantas veces en mis años de estudiante. Por eso, cuando la doctora de guardia que me atendió, dijo - ¡seño rasúrela, que esta señora está de parto! -, le comenté que ya lo tenía rasurado porque de un momento a otro sabía que pariría. Hizo caso omiso y la enfermera procedió a pasarme la cuchilla a mano limpia con la misma habilidad de un experimentado barbero, también tengo que decir que le fue fácil porque a decir verdad estaba recién rasurada; por eso sentí vergüenza ya que ponía al descubierto mis partes pudendas sin necesidad alguna, cuando sólo quería que me llevaran a la sala de parto y ver nacer a mi hija.


Sin embargo, pasarían muchas horas para tenerla en mis brazos, ya que de momento apareció la misma seño con un equipo que no conocía y empezó a llenar de cables mi abultada barriga y ante mi mirada de asombro me dijo - no pasa nada, es para controlar los latidos del feto y tus contracciones -. Y así estuve hasta que las contorsiones comenzaron a subir de tono y yo a desesperarme. Una mano mágica y prodigiosa me acompañó toda la noche y madrugada, cada frote en mi espalda era un bálsamo para el dolor pero no podía parar, no quería ni podía dejar que cesara de pasarme la mano y ese ser maravilloso era mi madre y así estuvo con su bondad infinita sanando, de cierta manera, mi insoportable malestar, un dolor paradójico ya que sabía que aquello significaba que mi hija luchaba contra mí para salir a la vida y yo ansiaba que eso pasara, tanto por la necesidad de conocerla como por el deseo de que cesara de una vez esa extraña sensación de que te partes en dos a la altura de la cadera.

Llevo en mis recuerdos para siempre, la imagen de un hombre joven que leía a la luz de un farol del parque del hospital. Esa madrugada en una de mis andanzas hacia el baño, miré por la ventana advertida por mi madre y allí estaba mi Ángel, cual guardián de mi dolor que a sabiendas que no podía estar a mi lado decidió pasar la noche pasando frio y bajo la luz de ese farol, leyendo sabe Dios qué libro, nunca le pregunté y ya van dos cosas, de esos días, que debo preguntarle. Lo llamé y desde mi altura vi sus ojos brillar y su beso al aire alcanzaron mis labios y eso me dio fuerzas para seguir soportando a la guerrera que tenía dentro.


A la mañana siguiente, ya era día 4, bien temprano un temeroso y joven doctor que denotaba inexperiencia me hizo un reconocimiento y aseveró a gritos -¡rápido una silla de ruedas para esta mujer que ya está lista para dar a luz, tiene 10 de dilatación!-. Entre asustada y feliz me senté como pude en la silla y me llevaron a la sala de preparto, mi madre quedó atrás y me fui con su beso en mi frente y muchos pensamientos en mi cabeza, todo era nuevo para mí como es normal en estos casos de madre primeriza. Ahora mismo, no recuerdo el nombre de la doctora que me practicó el parto, luego puede que me acuerde y lo escriba. Sólo puedo decir que tomó mi pulso, luego escudriñó mi vagina y preguntó - ¿quien dijo que esta señora está de parto? y aseveró - si sólo tiene 3 de dilatación-. Aquello fue un jarro de agua fría ya que me encontré parada en el mismo lugar y con el miedo en el cuerpo de que me enviaran nuevamente a una habitación del hospital. Me salvó el hecho de que dicha doctora comenzó a leer mi historia clínica y vio mi RH negativo y dijo a la enfermera - aquí se queda, déjamela aquí, que yo le seguiré de cerca-.


La sala de preparto me dio la sensación de ser un gran frigorífico, todo allí era extremadamente frio, casi insoportable, los cabeceros y pie de las camas, las sillas, las mesitas, todo cuanto tocaba estaba helado y así me fui helando yo, no había colcha capaz de darme calor, me eché dos encima y acurrucada como un ovillo soportaba, ahora, no solo el dolor de parto sino el malestar del frio. Cada media hora pasaba la médico y me decía -aún no estás lista y levántate de esa cama y ponte hacer cuclillas para que te ayudes a dilatar-. Entonces, llegó la mejor parte entre comillas, me dijo que mi caso era extraño, que yo tenía todas las condiciones físicas favorables para parir y sin embargo, no dilataba y fue cuando le comenté el medicamento que había tomado hasta hacía muy poco y encontró la respuesta a mi demora en dilatar.


La certeza de que mi alumbramiento podía ser natural la llevó a ella y a otro médico que no sé de donde salió, a provocarme el parto mediante un método algo rudo a mi parecer, ya que se pasaron todo el santo día y cada media hora, penetrando sus dedos y haciendo tactos con movimientos giratorios para ir dilatando el cuello del útero, llevarlo de 3 a 10 costó horas. Mientras me quedaba sola me percibía desaliñada y con miedo a morir; una primeriza ante estos hechos es algo que provoca sobresaltos y cuando comenzaba una contracción miraba un reloj que me quedaba justo frente a la cama, cerraba los ojos, tenía la sensación de que habían pasado varios minutos y al abrirlos me daba cuenta que el clímax del dolor era más largo que lo que me duraba en minutos y me desesperaba.


En aquel entonces, tenía el pelo rizado por una permanente que me había hecho meses atrás y perduraba aunque ya había crecido bastante, la felpa que me lo ataba se me había caído al piso pero no había valor para cogerla. Decidí pararme frente a la cama y apoyarme en los barrotes para intentar hacer cuclillas como me lo aconsejaba la doctora y ver si alcanzaba la liga para atarme aquella greña que no me dejaba ni ver lo que pasaba a mi alrededor, aunque a decir verdad poco me importaba. Por allí pasaron decenas de mujeres, era un ir y venir constante de barrigonas, e incluso, a algunas le daban bandejas de comidas que devoraban en un santiamén, pero tampoco jamás supe porque a mí no me preguntaron si quería comer. Llevaba horas en esa sala y no vi pasar ni un vaso de leche, infiero que era por prescripción facultativa por si me tenían que hacer la cesárea, ya que hubo un momento que estaba en el límite del desespero y comencé a exigir que me la hicieran. En tono jocoso, el otro médico que repito, no sé de donde salió, me decía - aquí no estás en un restaurante y esto no es pedido a la carta -, pero yo insistía tanto que hasta una inyección engañosa me pusieron, porque luego cuando pasó todo la doctora me dijo que me habían inyectado agua destilada ante mi exigente petición de que me pusieran algo para aliviar el dolor, cosas de primerizas.


Por fin llegó el momento deseado, en un arrebato de dedos circundando mis entrañas, el médico coge una varilla y la introduce y rompe la famosa fuente y siento que algo caliente comienza a mojarme y es cuando me doy cuenta que aquello que sentí en casa no fue líquido amniótico, sino urea pura y de haberlo sabido pues me hubiera ahorrado esas horas de dolor a solas, hubiera ido cuando estuviera bien a punto, porque lo que pasé en aquella sala-nevera fue terrible. Después de perforar mi bolsa y derramarse el líquido ya estaba lista para pasar a la fase final del alumbramiento, a la voz de - ¡camina con la piernas abiertas! -, me llevaron a la sala de parto, me subieron a una camilla y colocaron mis piernas al llamado "caballo", pero les juro que en mi cabalgaron 4 personas, ya que se subieron, así categóricamente, se me encaramaron y a la orden de puja, era como un coro a cuatro voces, todas eran -¡puja, puja, no con la garganta, sino como si estuvieras cagando, puja, puja!- .


Por un instante, entré en un letargo y, de momento cesó, no sentí más dolor, sólo algo caliente que me corría por la nalga y, que luego supe, era la sangre que se escurría del corte que me hicieron para facilitar la salida de la nena. Y así lo hice, pujé y pujé, creía que me cagaba porque a todas estas ni me pusieron un lavado para evacuar, pero no me lo hice sino que parí, alumbré, traje al mundo, di a luz a una bella chinita con mechón largo en medio de su cabecita que cuando me la pusieron en brazos por unos instantes la miré y me asustó, lloré y reí a carcajadas, ya que vi en su rostro la imagen en miniatura de su padre, era tal el parecido que lo tuve que decir en voz alta, llevándome una mano a la boca en señal de asombro.

Había nacido nuestra hija y aún no sabíamos que nombre llevaría..., pero eso será historia para otro cumple.

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19 octubre 2013 6 19 /10 /octubre /2013 17:03

                                                                                                       Fotos076-copia-1.jpg Es difícil atrapar, en el espacio mínimo que supone un catálogo de una exposición, la historia y cultura de México, país que preserva y expone al mundo su extraordinaria tradición en todas las manifestaciones del arte; cuya herencia enriquecida con la usanza española, produjo obras de una formidable expresión y pureza artística.

Interminable sería listar a aquellos que dieron fama y valor al arte mexicano, y seguro pecaré de olvido involuntario; si bien, asumo el riesgo animada por el hecho de señalar a varios de éstos creadores que se han distinguido en la pintura y la escultura. Valga el homenaje para todos desde mi neófita y sucinta aproximación a un arte de ascendencia milenaria.

Me atrevo, únicamente, a nombrar a Juan Cordero y José María de Velasco, artistas de una impronta puramente académica donde muestran semblanzas costumbristas de excelente factura. A José Guadalupe Posada, uno de los artistas más notables del siglo XX. Sus seguidores, la trilogía de los magnánimos: Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, representantes de un grupo de artistas mexicanos que revivieron el arte de la pintura al fresco con el muralismo. Otros creadores que se destacan, Lilia Carrillo, Alberto Gironella, Pedro Coronel, Carlos Mérida, Vicente Rojo, Rufino Tamayo, Frida Kahlo, José Luis Cuevas, entre otros.

Este precedente es un imprescindible acercamiento para adentrarnos en la vida y obra de uno de los indiscutibles discípulos de estos maestros y maestras de la plástica mexicana: el escultor Heriberto Gómez Ramírez, quien nos regala una original exposición de escultura de pequeño y mediano formato titulada “Exégesis de las energías del alma” *. Piezas donde se perciben esas influencias en la concepción de sus portentosos y refinados volúmenes.

                   Fotos074                               Fotos075.jpg  

Heriberto es natural de Tulancingo, perteneciente al Estado de Hidalgo, centro de una riqueza histórica excepcional; asentamiento de los Toltecas, fundadores de la reconocida ciudad de Tula y parte importante del poderoso Imperio Azteca. Pero también es heredera de la cultura de otros pueblos indígenas como los otomíes, huastecos y tepehuas quienes, con frecuencia, convivieron al lado de pueblos de cultura más desarrollada como los toltecas y los mexicas. Todo un conglomerado de tradición y cultura sincretizadas hasta alcanzar la expresión actual del arte mexicano.

El artista bebe en los orígenes de su identidad cultural e histórica, pura savia que alimenta su intelecto; visiones que engrandecen su horizonte estético. Creador de gran sabiduría, profundiza en sus fuentes nutricias y capta lo mejor de la creación artística de su puebl, para lograr, con el estudio y la práctica incesante, obras de una autonomía propia; reveladoras de un singular estilo, así como de la técnica que utiliza en la ejecución de sus piezas, fundidas en bronce, talladas en madera, o moldeadas en resina u otro material que sea de su interés a la hora de expresar su universo interior y lo que le rodea.

              Fotos078                   Fotos077.jpg

Las piezas de Heriberto se identifican por una figuración escultórica que denota dominio y oficio en el arte de esculpir la figura femenina o masculina, mediante la delineación clara y precisa de una anatomía sicológicamente trabajada con la intención de querer resaltar partes imprescindibles de nuestro cuerpo: las manos que nos alimentan, sanan y dan ternura; los pies que nos ayudan a incorporarnos, estar firmes y salir adelante por el camino de la vida. La robustez de las formas trasmiten la fuerza de una representación artística que da sentido a la concepción de seres que se elevan, se alzan y crecen, a modo de exteriorizar, al mundo, los diversos sentimientos humanos.

 Observar sus piezas es asistir a la exégesis del humanismo que adquiere por medio del equilibrio supremo entre la técnica y la forma que, si bien es de corte figurativa y académica, está dominada por un matizado expresionismo donde converge el erotismo y un morbo lleno de lirismo. Son obras para ser vistas en todo su ámbito, apreciar cada plano y secuencia de sus cóncavos y convexos; de sus líneas y volúmenes que gozan de cierta carga de monumentalidad jamás impositiva ni demoledora, ya que sus esculturas nos revelan a un artista sensible, adiestrado en el conocimiento de las energías del alma humana.   

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* Palabras del catálogo de la exposición del escultor mexicano Heriberto Gómez Ramírez, efectuada en la galería del Centro Cultural “Francisco Prat Puig”  de la Oficina del Conservador en el mes de junio de 2008. 

 

 

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2 noviembre 2011 3 02 /11 /noviembre /2011 12:42

Fachada-del-inmueble-1.jpg La Sociedad Luz de Oriente,que tuvo como sede la actual edificación de la casa del Estudiante, se constituía a partir de una junta directiva conformada por un presidente, tesorero, secretario y los miembros. Durante todo su periodo de existencia tuvo cambios en su orientación y para formar parte de la misma se debían cumplir determinados requisitos, tales como “ser mayor de 18 años, desempeñarse en una profesión, mantener una conducta social adecuada y no tener antecedentes con limitaciones”.

Desde sus inicios, las actividades de instrucción y recreo fueron aspectos cardinales desarrollados por la institución. Se realizaban otros de carácter docente como las conferencias con relación a fechas y conmemoraciones históricas, patrióticas, cívicas y múltiples eventos sociales, culturales y deportivos para todos sus miembros.

 En este sentido, brindaron servicios en la biblioteca que poseía; se publicaba la revista Luz de Oriente, impresa en los talleres Arroyo Hermanos y estuvo distinguida por ser una revista mensual ilustrada, además de publicar trabajos de interés para la agrupación social de color que la editaba, concedió espacio a la literatura. El no. 1 del año I tiene como fecha el mes de abril de 1922. 

enrique-bonne.jpg Para la conformación de nuestro trabajo utilizamos una voz autorizada como la del célebre músico y compositor santiaguero Enrique Bonne, quien fuera miembro de esta sociedad junto a su familia. En la entrevista, nos refirió que las actividades fueron sistemáticas y permanentes, estando más concurrida en determinada época del año, siendo los días del 23 al 26 de julio los que mostraban un mayor despliegue cultural. Un momento cumbre era el 31 de diciembre y la temporada de primavera donde se hacían algunos eventos; el resto de los meses los asociados acudían a jugar dominó, a conversar de temas variados y compartir entre los que allí frecuentaban. 

Las festividades eran animadas por orquestas, se destaca hacia los años ‘50 la de Chepín Choven, encargada de tocar para los bailes que se realizaban en el salón principal. Fue singular el hecho de que toda la música que se escuchaba y bailaba era ejecutada sólo por las orquestas que se ubicaban en una tarima interior. En aquel tiempo, no era costumbre que los músicos se unieran con los invitados salvo excepciones, como Chepin y los integrantes de su agrupación que compartían con los asociados, luego de cada función. 

Para tributar al objetivo de proporcionar diversión y entretenimiento a sus miembros, en 1947, la Sociedad promovió un expediente para la construcción de un balneario en la ensenada La Estrella, para uso y disfrute exclusivo de sus asociados. Entre los locales que allí se construyeron se encontraban las casetas para baños de ambos sexos, una cafetería y un rancho al estilo campestre, en el que se ofertaban, fundamentalmente, comidas y bebidas para los asociados; quienes además de deleitarse con  las bondades de la bahía santiaguera, contaban con un espacio para realizar bailables dominicales al compás de alguna agrupación musical. 

Bonne nos refiere los nombres de aquellos integrantes de la sociedad santiaguera que en su época fueron muy apreciados tales como, el abogado Walfrido Lora, los médicos Mario Norma y Francisco Pérez Costa, considerados como los mejores de los años ’50 y, que además, fueron presidentes de Luz de Oriente. Para reafirmar su criterio expresa:

" Yo era muy joven cuando integré la sociedad, fue a través de la de Palma Soriano, se llamaba Juventud Social, por esta razón entre fácil, pero este era un proceso muy selectivo. Cuando entramos en el Instituto de Santiago empezamos a ir mi hermanos y yo, entramos a Luz de Oriente entre los años 1947 o 1948, allí conocí a Pacho Alonso y a su hermana Nereida que era médico, lo integraban también una serie de familias de lo que se llamaba la mulatería selecta y reconocida aquí en Santiago de Cuba; otros como los Oliver que eran profesores hijos de una famosa sombrerera; los Puente y otro médico muy famoso fue el doctor Tabares". 

Como se aprecia, la Sociedad Luz de Oriente fue una entidad de mulatos con holgura económica que creció a medida que el siglo XX fue avanzando. La realización de estudios y el desarrollo de profesiones de alta estima como la de abogados, médicos, profesores, comerciantes y dueños de negocios particulares, les permitió conformar un gremio con intereses y economías muy similares; los que se separaban de los negros por la misma concepción que los desunía de los blancos: raza y poder económico. 

Cerró sus puertas al perder el objetivo fundacional que le dio origen y animó todo su desarrollo. Al respecto Bonne planteó:

" Con la Revolución perdió su esencia; casi todas fueron disueltas al mismo tiempo, pero duraron dos, tres o cuatro años después del triunfo. Con las sociedades pasaba lo mismo que con las logias y las religiones, eran contenedoras, se vivían años muy difíciles, no eran nada del otro mundo pero eran lugares donde te reunías con personas afines a tu estatus social, pensamiento y donde no eras un privilegiado porque resultabas seleccionado".                                                  

 

Desde el punto de vista arquitectónico constituye un inmueble muy importante por las características constructivas y estilísticas que posee; en su decursar tuvo diferentes remodelaciones, pero es decisivo el año de 1923 en cuanto a presentar su fisonomía actual. Para esta fecha se le hicieron reformas y de una casona colonial adoptó un aire renovador, al asumir en su fachada y en su interior el estilo ecléctico, el cual había irrumpido en la ciudad con la erección de vistosas y elegantes edificaciones que armonizaban con el excelente ambiente urbano que adquirió Santiago de Cuba hacia los años ’20 del pasado siglo. 

El cambio en la fisonomía interior y exterior del inmueble es tramitado por el presidente de la sociedad en aquel momento, el señor Pedro Bergues, quien le escribe una carta al alcalde municipal con fecha del 10 de marzo de 1923, solicitándole “el correspondiente permiso para efectuar en el edificio social situado en Heredia alta no. 2, algunas reformas de conformidad con el proyecto que acompaño y comprometiéndome a satisfacer los derechos municipales establecidos”.

El proyectista y arquitecto del inmueble fue el señor Ildefonso Moncada Madariaga,nacido en esta ciudad el 28 de enero de 1895. Refiere la investigación de la arquitecta Marta Lora que fue el único arquitecto negro con obra reconocida en estos primeros años de la República, con una larga carrera como proyectista, por lo que cuenta en su haber con un amplio repertorio temático según los estilos arquitectónicos de la época. 

Conjuntamente con los planos, fue presentada la memoria descriptiva así como el probable presupuesto con que se asumirían las reformas, lo que queda expresado en los párrafos de la siguiente nota:

Las obras proyectadas comprenden la construcción de 3 martillos de 2 plantas, concreto y ladrillos, reformas y embellecimientos de la fachada y adaptación de las obras realizadas a las existentes. Todas las obras se ejecutarán de perfecta conformidad con el proyecto presentado, ajustándose su ejecución y distribución exactamente a lo diseñado.Los martillos tendrán un ancho de 6 m, divididos en 4 m de luz y 2 m de galería en las 2 plantas […]. Los pisos de la obra serán de mosaicos, de primera clase debiendo sujetarse el contratista, para la elección de la muestra, al gusto de la comisión de obras. Las puertas del frente serán de caoba y las interiores de cedro, todas serán de tablero según diseño. […] las obras de modificación y embellecimiento de la fachada se ejecutarán ajustados al plano. Las escaleras del frente y principal de acceso serán de concreto con sus pasos y balaustradas de mármol, las dos de servicio serán de caracol y cedro. […] Todas las paredes serán revestidas de mortero de cal y arena y enlucida de mortero de cal y yeso, debiendo presentar una superficie completamente blanca y lisa.

El presupuesto inicial, presentado al Ayuntamiento Municipal, varió luego de concluidas las reformas realizadas al edificio, el cual ascendió a “28 mil 650 pesos oro americano”. 

Los resultados de estos cambios edificados se aprecian en las características que aún presenta el inmueble:

Vista-general-de-la-fachada-1.jpg  Vista-de-su-patio-interior.JPG

Fachada de corredor, con todos los componentes que caracterizan las construcciones eclécticas de principios del siglo XX.

Construcción de un solo nivel hacia la calle representada por su parte frontal y dos niveles en el interior.

La composición de la fachada es simétrica, presentando en ambos extremos escaleras de acceso y un sistema regular de ocho aberturas que presentan molduras como ornamento, estos vanos garantizan la imagen organizada del plano frontal del edificio.

La parte superior lo conforma un pretil que contiene el balaustre pétreo, muretes y otros pretextos decorativos. En este segmento del inmueble se aprecia el emblema de la sociedad, un bajo relieve con las siglas L-O superpuestas y entrelazadas.

Presenta columnas pareadas de capitel corintio a todo lo largo de la fachada, a su vez divide el barandal que conforma el corredor, de balaustres pétreos y otros elementos decorativos que simulan diversos motivos.

Las bases de las columnas descansan sobre una pequeña plataforma cuadrada que repite el adorno de la cornisa engalanada con dientillos y estrías. 

La altura del piso interior tiene un desnivel de más 1,15m con relación al de la calle, lo que hace que su corredor haga funciones de balcón corrido.

La planta baja es abierta, concebida como un gran salón interior para la realización de actividades sociales, culturales, políticas y recreativas, donde está presente el patio.

El segundo nivel circunda, solamente, el patio que se ubica en la mitad posterior del inmueble.

Al fondo de la edificación y rodeando este patio interior existe un conjunto de dependencias que contienen funciones de apoyo a las principales actividades desarrolladas en la institución.

Luego de la Revolución de 1959, la vivienda fue intervenida por el presidente de la Asociación de Jóvenes Rebeldes de Oriente para ubicar el Centro de Pioneros Rebeldes. En etapas posteriores tuvo diferentes usos: centro de educación provincial para adultos, oficinas de la Federación de Mujeres Cubanas, de servicios comunales, del registro de identidad y de la comisión del carnaval, hasta que en noviembre de 1980, se inaugura como Casa del Estudiante “Josué País García” en homenaje al mártir santiaguero que ofrendó su vida por la causa revolucionaria. Hasta hoy día mantiene su proyecto cultural y sociocomunitario encaminado a atender a jóvenes aficionados a las diferentes manifestaciones de la cultura.

Desde hace unos años el inmueble se rehabilita mediante un proceso de intervención constructiva que traerá como resultado la recuperación de sus valores arquitectónicos. Para esto, la dirección Técnica de Restauración y Conservación de la Oficina del Conservador de la Ciudad, a través de su equipo de trabajo, ha ejecutado el proyecto de reconstrucción del edificio, redimensionando sus espacios físicos y teniendo en cuenta las mismas características del estilo que la distingue, por lo que el mantenimiento general va encaminado a rescatar el estado original de aquellas partes que se encuentran deterioradas. Vale, entonces, la intervención en el inmueble por ser un digno ejemplo de la historia y de la cultura de Santiago de Cuba, el cual hay que preservar para las presentes y futuras generaciones. =  


 


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31 octubre 2011 1 31 /10 /octubre /2011 10:59

 

Vista general de la fachada La ciudad de Santiago de Cuba atesora un conjunto de edificaciones de gran valor patrimonial, fieles ejemplos de una época reluciente cuando la urbe comenzó a vestir sus mejores galas con la construcción de múltiples edificios que la convirtieron en un centro próspero, floreciente, enriquecedores del paisaje arquitectónico y urbanístico de la segunda capital del país de los primeros años del siglo XX. 

Uno de estos inmuebles está ubicado en la calle Heredia nro. 204 (otrora Heredia alta nro.2) entre Lacret (San Pedro) y Hartman (San Félix). La vivienda acumula una rica y fructífera historia insertada en el acervo cultural de la ciudad; trayectoria que transita desde la etapa colonial cuando en este mismo sitio fue fundada la Sociedad Luz de Oriente en abril de 1899, por lo que la evolución y el desarrollo de esta institución permite ver sus cambios en la edificación sede, la cual asumiría diferentes procesos constructivos hasta cubrirse, finalmente, con un estilo ecléctico elegante y armonioso que ha pervivido desde de 1923.

La ubicación del inmueble en una de las arterias principales del Casco Histórico Urbano nos permite abordar, en síntesis, el crecimiento urbano y constructivo de la misma, es decir, la existencia de la calle Heredia se remonta a los primeros años coloniales cuando es incorporada al trazado original de la villa. Su cercanía y posición con respecto al centro cívico, religioso y social de la colonia, integrada por la Real Plaza de Armas, la Iglesia Catedral, el Ayuntamiento y la Casa del Gobernador favorecen, rápidamente, el desarrollo de otros edificios que se erigen a todo lo largo y ancho de la vía y que van conformando la trama urbana.

 Los inicios de la evolución de la calle y su área inmediata hacen que sea reconocida como una vía importante, teniendo como animación las procesiones hacia la Iglesia de Dolores y el paso obligado de los transeúntes y carruajes que se dirigían hacia el este de la ciudad. Durante los siglos XVI y XVII, “ocuparon sus solares casas de madera y guano, reemplazadas por viviendas de madera, tejas y algunas de cuje, preferentemente aisladas o pareadas; con amplios patios laterales abiertos a la calle, aptos para actividades de huerto y jardín".

El primer nombre que tuvo fue San Juan de Dios, denominación que permaneció hasta el siglo XVIII; de carácter estrictamente habitacional, sirvió de alojamiento a familias de la aristocracia y de la alta burguesía civil, religiosa y militar de la ciudad cuyas viviendas podían ser de madera y cuje con fachada simple y de corredores. Hacia fines de este siglo, adopta el nombre de calle Catedral.

 En la primera mitad del siglo XIX se completa el reemplazo de las residencias de madera de una planta, por otras de cuje, mampostería y tejas, de una y dos plantas; se le incorporó una carpintería decorativa de mayor riqueza, así como la aparición de elementos de rejas en la fenestración. Para mediados de esta centuria, la parte colonial de las construcciones existentes adquieren su expresión definitiva, componiéndose en una calle compacta, edificada con casas de cuje y mampostería, de fachadas simples y corredores en igual proporción.

Desde el punto de vista social, el tramo norte entre San Pedro y Calvario estuvo ocupada por familias de alto rango: hacendados, funcionarios civiles y militares que alternaban sus labores con una activa vida pública, desplegada en los clubes situados alrededor de la Plaza de Armas o en esta misma calle; mientras que la asistencia a la misa podía ser en la Iglesia Catedral o en la de Dolores.

La bibliografía consultada permitió conocer como desde el siglo XIX comienza, en esta área, la diferencia entre los inmuebles donde habitan las familias y los dedicados a funciones diversas. Fue, precisamente, la posibilidad de arrendamiento lo que hizo posible la llegada “en el año 1801 de la familia Heredia quienes se ubicaron en la casa no.6 alta de la Catedral propiedad de Doña María Josefa de Hechavarría y Limonta; ciudadana que vio nacer al insigne poeta José María Heredia del cual toma la vía, a fines del siglo XIX, su nombre definitivo y actual”.

De igual modo, se sumaron médicos, estomatólogos, abogados que establecieron sus oficinas y consultorios para brindar sus servicios a la comunidad santiaguera de este último periodo del mencionado siglo. Se convierte en residencia preferida de intelectuales y profesionales más aventajados de Santiago de Cuba; tales como Juan Bautista Sagarra, en la educación y el periodismo; Rafael Salcedo en la música y en la pintura, los hermanos Félix y José Joaquín Tejada, entre otros.

En el siglo XX ocurre un hecho que corrobora la afirmación anterior y fue la adquisición de la morada donde naciera el bardo, gracias a las disímiles acciones que realizó la conocida Junta Herediana constituida para estos efectos. Esta acción cívica comenzó a materializar algo que devino en tradición para convertir la calle en un punto focal del desarrollo cultural y artístico de la ciudad, generada por las diferentes instituciones y asociaciones que fueron asentándose, específicamente, en el espacio de Calvario hasta San Pedro.

En otras locaciones se instauraron servicios hoteleros, gastronómicos, de recreación y esparcimiento, sociales y culturales tales como, la Academia Municipal de Bellas Artes, el Centro de la Colonia Española, la Sociedad Luz de Oriente. Y, en sus inmediaciones y vías aledañas, se construyó el hotel Casa Granda, el hotel Venus, el Museo y Biblioteca Municipal, entre otros.

El inmueble que motivó el estudio y redacción del presente trabajo, fue sede de una de las asociaciones que surgieron en la comunidad santiaguera de estos años,  considerada como de recreo e instrucción: la conocida Sociedad Luz de Orientecreada el 28 de abril de 1899 e inscrita en el Libro 6 folio 25 del Registro General de Asociaciones. Gozó de gran prestigio en sus años de existencia y tuvo como objetivo fundamental: difundir la instrucción entre sus miembros facilitándoles, a la vez, honestos recreos y entretenimientos lícitos.      

(Continuará)

 

 

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23 septiembre 2011 5 23 /09 /septiembre /2011 11:50

Ramiro-Onate.-Arquitecto-T.-Aguilera.jpg El nuevo Teatro Aguilera fue inaugurado en 1949 y se convirtió en el más distinguido y reconocido de los trabajos de arquitectura e ingeniería que se hiciese en Santiago de Cuba en aquel entonces, proyecto y obra del arquitecto Ramiro Oñate. Dicho inmueble se construyó con una estructura de acero proveniente de la American Steel Corporation of Cuba y resultó ser un símil, en su época, de los modernos edificios que se construían en los Estados Unidos.  

La fachada presentaba rasgos del estilo monumental moderno con muros gruesos y robustos, de sobria decoración en sus paredes sólo interrumpidos por grandes ventanales rectangulares. Es una portada que transitaba hacia el estilo Racionalista, revelado en el uso de las estructuras de acero y por la composición de un elemento de vidrio que estaba ubicado en el centro de la fachada que la dividía de forma simétrica.                   

Fuentes periódicas y bibliográficas, así como documentos que registran su fundación atestiguan que contaba con un aproximado de mil quinientas lunetas entre las dos plantas, más una amplia galería que posibilitó ofrecer los más variados espectáculos artísticos; además de constituir un lugar de excelentes y modernas condiciones escénicas, convirtiéndose en un gran exponente del desarrollo cultural de la ciudad.

Su sistema de audio era famoso, pues colmaba el ancho, largo y altura de esa gran edificación. El lunetario era muy cómodo, así como poseía un aire acondicionado que gustaba mucho, más por nuestras altas temperaturas. Fue el cine que se preparó como pilotaje del cinemascope, un procedimiento cinematográfico que impresionó extraordinariamente en su época por las posibilidades visuales que adquirió el cine en cuanto a las condiciones de su pantalla, pues tenía capacidad para esta instalación.

Vista interior desde el lunetario

La década de los años ‘50 del siglo pasado fue un periodo de auge para el teatro tanto por los espectáculos de cine, que mantuvo invariablemente los filmes de estreno, como por las otras funciones artísticas y musicales que se ofrecían de alta estima entre los ciudadanos. En su escenario se realizaron graduaciones escolares como, la de la Escuela de Comercio; el del Instituto de Segunda Enseñanza; la Escuela Normal para Maestros, entre otras.

 La asistencia del público aumenta en estos años por la novedosa concepción del inmueble  y por incorporar en su proyecto la construcción de un club subterráneo conocido como el “Subway Aguilera”; espacio que propiciaba la presencia de aquellos interesados en compartir un trago, pasar un rato de esparcimiento con su pareja o grupos de amigos, ya fuera antes y después de las funciones o, simplemente, era un lugar de encuentro para muchos santiagueros con diferentes motivaciones.

El subway del Aguilera fue un espacio muy grato en confort y ofertas, nada que envidiar a los clubes de renombre que existían en la capital por esos años. Disponía de todos los medios y recursos que demandaba una instalación agradable y de lujo. Este sitio fue muy bien acogido por el público que frecuentaba las salas del Coliseo, pasando a formar parte de las instalaciones recreativas de la ciudad y se mantuvo prestando servicio al público hasta su ocaso en la década del ’60.

En marzo del año 1959, el ICAIC (Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos), estableció nuevas concepciones organizativas dando origen a otra etapa en la cinematografía cubana y, a partir de 1960 se implanta la Ley 890 que refrenda la intervención y nacionalización de las empresas privadas; de ahí que, el teatro Aguilera, así como otros cines y escenarios de la ciudad son intervenidos y pasan a formar parte del recién establecido ICAIC. En estos primeros años de la década del ‘60, el Aguilera continúo con sus habituales muestras cinematográficas y de variedades; además de ser utilizado para las funciones que desplegaban las instituciones del Gobierno de la provincia.


imagen del incendio en 1966Un nefasto día 15 del mes de abril de 1966 en horas de la tarde, se produce un voraz incendio que no pudo ser sofocado a tiempo, lo que devino en la destrucción de este maravilloso inmueble. Conjuntamente, con las pérdidas del teatro, fueron pasto de las llamas las estaciones provinciales de radio CMKW y CMDV que radicaban en los altos del propio edificio. De igual manera, fue destruido el subway y otras unidades de servicios comerciales y oficinas que se hallaban próximas al edificio.

El periódico provincial recoge que el fuego se extendió por tres duras horas y aunque no hubo pérdidas humanas, se tuvo que trasladar hacia los hospitales a algunos heridos y otras personas que sofocaban el incendio y sufrieron principios de asfixias por el excesivo calor y humo. Las autoridades del MININT, las Milicias y el Departamento de prevención de incendios, junto a integrantes del pueblo extinguieron el fuego quedando en ruinas una manzana de esta céntrica y populosa calle santiaguera. Fue considerada una de las más grandes deflagraciones registradas en ese periodo.

Refiere la prensa de esos días que fue un accidente provocado por el mal estado en que se hallaban las instalaciones eléctricas del aire acondicionado, así como se habló de la irresponsabilidad de su administración en cuanto a que no chequeaba con sistematicidad el estado físico del inmueble. No obstante, nunca quedaron bien claras las verdaderas causas del suceso.

A partir de este hecho, quedó suspendido todo tipo de actividades en los cines que no fueran exclusivamente espectáculos cinematográficos; excepto el Teatro Oriente, que mantuvo el cine y una programación de índole diversa en cuanto a funciones artísticas, sociales y culturales.

En el momento de la tragedia se exhibía el filme “La muchacha de la valija”, filme  franco – italiano apto para mayores de 12 años, interpretada por Claudia Cardinale. La película se había comenzado a exhibir ese mismo viernes 15 de abril cuya tanda, como de costumbre, se iniciaba a las 2 de la tarde. Cierra la existencia de una institución que llenó de gloria la vida cultural y artística de la ciudad; más de 50 años de labor ininterrumpida concluyó con un fatídico suceso en un escenario que hoy día se recuerda con agrado por sus aportes a la sociedad en cuanto a cultura y entretenimiento.

El espacio físico donde existió el inmueble se mantuvo como un solar vacío durante mucho tiempo; varios proyectos constructivos fueron analizados pero nunca ejecutados hasta que en los ’80 fue ocupado por tiendas y kioscos para la venta de artículos diversos que conformaron la feria de alta demanda popular, perteneciente a la Empresa de Industrias Locales por largos y azarosos años.

Algo es más que nada.

 En este artículo se significa lo acontecido en el 2006 con relación a la puesta en práctica de una idea que emana del Plan Especial de Revitalización de la Ciudad Histórica, intención que es promovida por la Oficina del Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba para reanimar el Centro Histórico y es, lo que se reconoce como el Proyecto Centro: “vía para la transformación económica, funcional y estética del conjunto histórico – urbano, que tiene como lema “Todos somos parte” porque en absoluta comunión debemos participar en el proceso de recuperación de nuestra ciudad”.

Dentro de la acciones a ejecutar se construyó una Plaza Cultural con el nombre de Aguilera, a modo de preservar la historia del teatro homónimo. La plaza está ubicada en el mismo lugar donde se hallaba la antigua institución y está destinada a la realización de acciones artísticas diversas. De igual modo, se rehabilitó el inmueble donde radicaba el subway, ahora como Bar Aguilera; por lo que ambas instituciones forman parte de las nuevas ofertas culturales y recreativas puestas a disposición del pueblo santiaguero y de sus visitantes. Lo más reciente, realizado en sus predios es la ubicación de una escultura, realizada por el artista Alberto Lescay, que rinde homenaje al tres como instrumento musical; síntesis de una genuina tradición cultural de la localidad como es la trova santiaguera. 

Plaza-cultural-Aguilera.jpg        escultura-del-tresero.jpg

Estas obras, construidas y rehabilitadas en un espacio tan cargado de historia, se ubican dentro del patrimonio arquitectónico material e inmaterial de la ciudad; asumidas como valores añadidos a nuestra rica tradición cultural con una dimensión espiritual superior. De ahí la importancia de recoger para las nuevas generaciones la historia y el decursar del inmueble así como, la necesidad de darlo a conocer para mantener viva la memoria de una ciudad que constantemente bebe en las fuentes nutricias de su identidad cultural.

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10 agosto 2011 3 10 /08 /agosto /2011 22:45

arreglo.jpg El presente artículo es una continuación resumida de la historia del Teatro Aguilera. Una vez inaugurado el edificio de 1915, comienza un despliegue de sus actividades encaminadas a incentivar la presencia del público hacia las salas del teatro. Diversas iniciativas se adoptaron en este sentido; bailes de máscaras en función extraordinaria, conforme a importes más bajos que en su inauguración, esto incluyó la actuación de otras compañías de arte lírico que brindaron sus funciones en menor precio. Se comenzó a entregar flores a las damas que allí concurrían por lo que se convirtió en una costumbre que las empleadas con las cestas llenas de flores se pasearan por los pasillos en busca de algún galán que quisiera entregar a su dama tan bello presente. De esta manera, desde su apertura y durante un buen tiempo al Aguilera se le llamó “el teatro de las flores”. 

Este orden de innovaciones y de reformas de estilo fresco cautivó a muchos espectadores, incrementado por el triunfo de la presencia femenina como empleadas del mismo, ejemplificadas en las jóvenes que se desempeñaban en las funciones de porteras, taquilleras, acomodadoras y las ya mencionadas vendedoras de flores. Todo esto le daba un toque aún más atractivo y lleno de novedad a una práctica poco usada en esa etapa de principios de siglo, lo que se estableció, posteriormente, en el resto de los cines que surgirían a lo largo de los años 20 de la pasada centuria. 

Las funciones del cinematógrafo con precios más baratos (el palco sin entradas 25 centavos; la entrada general, 10 centavos y lo mismo la luneta con entrada). Las funciones se estrenaron con el melodrama “La echadora de cartas” y, en combinación con las películas, se ofrecían variedades circenses y de bailes. En su carácter de exhibidor de películas, se caracterizó por la muestra de filmes de estreno que eran facilitados por los contratos que realizaban sus propietarios con las compañías de películas radicadas en la Habana; negocio pactado por la representación que tenían en la capital para asegurar los estrenos y mejores espectáculos. 

Estas actividades fueron asiduas en el Aguilera que logró situarse en el primer lugar en la preferencia del público durante varios años, tanto por sus opciones artísticas como por el confort que lo caracterizó. Obras del repertorio internacional de la música clásica y operática interpretada por grupos de origen español e italiano, así como las compañías de zarzuelas que venían a la Habana continuaban su gira hacia Santiago de Cuba, ya que las condiciones para las presentaciones era excelente y el pueblo daba muestras de su agradecimiento colmando las salas del coliseo. 

Hacia los años ’20 del pasado siglo, el auge del teatro Aguilera se vio un tanto opacado al surgir otros escenarios teatrales y cinematográficos, incentivado por el boom que adquirieron las exhibiciones de películas. De esta forma el público santiaguero comenzó a mostrar mayor afición por el cine, no así por las funciones operáticas y de zarzuelas, debido al bajo costo de las entradas y a la popularidad del género cinematográfico, entre otros factores económicos, políticos y de índole cultural que influyen en una sociedad abierta a las  nuevas perspectivas que ofrecía el ámbito universal como fueron, el afianzamiento de movimientos artísticos emergentes de la cultura norteamericana y las tendencias artísticas de la vanguardia europea. 

Esto hizo que se edificaran en la ciudad, en su centro y en sus extremos, teatros y salones dedicados exclusivamente a la muestra de películas; eran lugares siempre concurridos y distribuidos por diferentes barrios. El auge del cinematógrafo se conjugaba con las actividades que desplegaban las sociedades culturales y cívicas; desde ellas se amplía el desarrollo cultural por la celebración de veladas, conciertos, recitales y otras festividades; eventos que marcaron el periodo de la etapa republicana, aún cuando el cinematógrafo se impuso. 

En 1931 comienza otra etapa en la historia del Teatro Aguilera a partir de la incorporación del señor Armando Botta como auxiliar de operador cinematográfico, quien, después de unos meses de trabajo le propone a dos de sus hermanos, Carlos y Mariano Botta, la idea de adquirir el inmueble; teniendo en cuenta que los propietarios pasaban por un mal momento para mantener el negocio. La intención de Armando Botta cobra realidad cuando sus hermanos acceden a la compra del teatro y, una vez dueños, proceden a reparar las carteleras, las butacas que se encontraban en mal estado y otras tareas menores, reiniciando sus funciones a principios de 1932. 

En este mismo año ’32 se incorpora otro miembro de la familia, el señor Enrique Botta; hermano mayor que poseía experiencias en el campo comercial adquirido en el trabajo que había desarrollado en la importación y representación de una fábrica de toldos en Cuba; además de poseer cierto capital que puso a disposición de la Empresa. El señor Enrique acepta la presidencia de la Compañía y, de inmediato, comenzó la renovación de todo lo relacionado con el sistema de administración, contabilidad, estados financieros; nuevas ideas de propaganda que tributaron sus resultados al espectáculo, así como la introducción de equipos de sonido de última tecnología de procedencia norteamericana como la Western Electric. 

 

  CINE-AGUILERA-_2.jpg                    TeatroA Publico  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El capital poseído y adquirido les propició ascender con las renovaciones introducidas e hizo que se declarara, definitivamente, como la máxima exhibidora de buenas películas en Santiago; además fueron ampliando el negocio mediante la adquisición de algunos cines que estaban en manos de empresarios arruinados. (Rialto, Martí, Maceo, Victoria, Estrada Palma y Capitolio). Otros ya estaban cerrados y fueron comprados por los Hermanos Botta, quienes no sólo adquieren los establecimientos de cine sino que asumen a los empleados, aumentando el circuito de exhibiciones y, a su vez, mejorando el estándar de vida de los trabajadores, los que empezaron a disfrutar de las mismas ventajas que tenían los demás empleados de la empresa. 

En cada uno de estos cines - teatros se establecieron precios populares, es decir, eran salas que tenían como premisa proporcionar a la comunidad el fácil acceso a los mismos mediante bajas cuotas por concepto de entrada. Desde el punto de vista comercial se revertía en una ganancia porque aumentaba la presencia y sistematicidad del público. También, se preocuparon en dar mejor confort al dotar a todos los establecimientos de magníficos sistemas de ventilación por turbinas eléctricas y extractores de aire, creando así un ambiente fresco y cómodo por la sustitución de las butacas y el arreglo general de cada uno de ellos. 

La Compañía Exhibidora y Comercial Botta S.A, nombre adquirido por contener esta amplia red cinematográfica, estableció sus departamentos principales en los altos del propio teatro Aguilera. Desde allí controlaban los siete establecimientos a través de un equipo de profesionales ubicados en modernas oficinas donde desempeñaban las funciones de administración y control. 

El periodo comprendido entre 1933 a 1947 fue próspero para la Empresa y, por tanto, para el desarrollo de la institución, ya que tuvo un gran despliegue cultural en la ciudad sobre todo en cuanto a la cinematografía y en la celebración de espectáculos de variedades que enriquecieron el entretenimiento del público; siendo la fecha de 1947 la que abre una nueva era en la historia de esta insigne institución. 

En este año fue demolido y, de inmediato, se prevé la recuperación de un elegante edificio de estilo moderno de acuerdo a las corrientes arquitectónicas que aparecen en el panorama constructivo de la ciudad.  Los Hermanos Botta no escatimaron en recursos para crear una instalación flamante con el máximo de seguridad y magnificencia. Contaban con el presupuesto necesario para modernizar las salas y ponerse a tono con lo que demandaba la época y les permitía su economía.

Teatro Aguilera Santiago de Cuba Estructura de Acero Americ          Teatro en ejecucion carteles Arquitecto y Clima

 

  
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2 agosto 2011 2 02 /08 /agosto /2011 12:34

 

Fachada-teatro-Aguilera-de-1915.jpg El Teatro Aguilera de Santiago de Cuba constituyó, desde  el momento de su fundación, uno de los inmuebles más  emblemáticos de la arquitectura citadina de principios del  siglo XX; el cual devino en baluarte del desarrollo artístico  del país por su fuerte incidencia en la vida socio – cultural  de la región durante más de cinco décadas. Su larga  trayectoria le permitió ocupar un lugar cimero y marcar  pautas en todo el periodo republicano.

 Una generación de santiagueros que sobrepasan los  sesenta años de edad, en un porciento ya menor,  rememoran con agrado los momentos que compartieron en  las salas del muy distinguido Coliseo; otros preconizan  aquellas actividades que se realizaban, sobre todo, antes de 1959. Es decir, de lo que se habla y se conoce es de lo que se pudiera considerar la etapa final del florecimiento de la institución, iniciada en 1949, que quedó trunca al producirse un accidente que hizo desaparecer un inmueble que irrumpió en el panorama constructivo santiaguero de la segunda mitad del siglo pasado como algo novedoso y único de su tipo.                               

 Sin embargo, poco se sabe de la existencia del otrora Teatro Aguilera, aquel que se construyó en 1915, de donde emanaron importantes acontecimientos que son recogidos, afortunadamente, en la prensa periódica y en documentos de esa época pretérita.

El Teatro Aguilera surge en un momento próspero del crecimiento de la ciudad desde diferentes puntos de vista. El siglo XX se había iniciado con numerosos beneficios en cuanto al desarrollo científico - técnico: el alumbrado público en 1906; la instalación del tranvía en 1909; el crecimiento urbano y arquitectónico hacia otras sitios de la cuidad, como fue el surgimiento de barrios obreros; la ampliación hacia Vista Alegre y, con ello, la implantación de nuevos estilos arquitectónicos.

De manera general, se vislumbra un aire de modernidad y la puesta en marcha de una etapa que muestra una bonanza en todos los ámbitos. La cultura en su más amplia acepción y representación no se queda atrás, por el contrario le continúan y surgen asociaciones y sociedades culturales que generan un amplio programa de actividades: conciertos, veladas, tertulias, recitales, bailes, concursos; estando presente todas las manifestaciones de la cultura artística y literaria, concebidas por ilustres personalidades que hoy ocupan un lugar cimero en la historia de la cultura del territorio y del país.

Dentro de esta gama de instituciones y acciones culturales comienzan a expandirse los teatros con características diversas. La celebración de los espectáculos teatrales en instituciones creadas para este fin data del siglo XVIII, pero le siguen otros de valor significativo en el XIX, tales como el denominado Coliseo en 1822, donde se exhibían obras del teatro español y tonadillas del antiguo. El llamado Teatro del Centro y el Conservatorio Cubano, destinados, especialmente, a composiciones líricas y dramáticas, ambos construidos en los años ‘20 del mencionado siglo. Y el de mayor relevancia que fue paradigma en nuestra ciudad: el antiguo Teatro de la Reina Isabel II, fue inaugurado en 1850 y se caracterizó por las presentaciones de distinguidas compañías de zarzuelas, óperas y otras variedades artísticas. Más adelante es nombrado como Teatro Oriente.

El siglo XX muestra su esplendor por el surgimiento de estos espacios de tanto gusto y arraigo en la población santiaguera. Se distinguen el Novedades en 1905 para compañías de óperas, zarzuelas y el cine. Fue el primero en establecer las entradas por tanda y dio a conocer el llamado género chico en la zarzuela; se convirtió en el teatro Martí en 1915 y continuó con la presentaciones de compañías extranjeras, bufos, duetos, y funciones de cine. El Heredia en 1906, destinado al cine y a las zarzuelas; el Vista Alegre en 1911, fue un teatro de verano de óptimas condiciones para las muestras de cine y compañías de teatro y zarzuelas, además de actividades recreativas y deportivas y, Villa Marimón en 1912, sólo para exhibiciones del cinematógrafo, el cual era al aire libre y la entrada gratis. 

Teniendo como antecedente este despliegue de escenarios teatrales por toda la ciudad, se proyecta la construcción de un nuevo teatro en un solar ubicado en la calle Aguilera número 23 antiguo, propiedad del maestro de obras Gerardo Vega, siendo a su vez el proyectista del edificio donde se ejecutó el teatro homónimo.

Desde diciembre de 1913 el señor Vega había presentado a la Alcaldía Municipal el expediente contentivo del proyecto de la obra para lograr que se le autorizara la construcción de “un edificio de dos plantas, de mampostería y ladrillos, pisos de mosaicos y cubierta de hierro galvanizado con un costo inicial de 4.500 pesos oro americano”.

Documentos de archivo refieren los diferentes caminos que tuvo que transitar el señor Vega para que fuera aprobado el expediente, primero por el arquitecto municipal y, luego, por el Alcalde de la ciudad. Hasta que, puestos de acuerdo todas las partes, el 20 de febrero de 1915 el maestro de obras dio a conocer a la Alcaldía que las obras del Teatro Aguilera quedaron concluidas de acuerdo a los planos y presupuestos presentados. Con relación a este último acápite hay que plantear que “la obra se concluyó con un valor de 9.500 pesos oro americano, más del doble de lo que se había proyectado”.

El teatro fue llamado Aguilera en memoria del patriota bayamés, Francisco Vicente Aguilera, quien vivió en esta ciudad en el siglo XIX en una de las casas ubicadas en el entorno de la Plaza de Dolores. Además, para esta fecha la calle se denominaba Aguilera, nombre que sustituyó al de San Tadeo a propuesta y aprobación del Ayuntamiento de la ciudad en el año de 1910. 

El edificio de 1915 fue concebido en dos niveles con su frente para la calle Aguilera. Su fachada mostraba una arquitectura de estilo ecléctico; el primer nivel poseía incisiones rectilíneas verticales a todo lo ancho de las paredes, sólo interrumpidas por la abertura de la puerta que fungía como entrada principal, cuya terminación lo circundaba un arco carpanel, y tenía otros accesos hacia los diferentes negocios que también se hallaban en la planta baja dedicados a la venta de refrigeradores y otros artículos.

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El segundo nivel tenía un balcón corrido con balaustres de hierro forjado, con siete vanos correspondientes a las puertas o ventanas de la planta alta que, se supone, daban para algunas de las galerías o salas de recibimiento del teatro. Remataba el edificio un pretil a todo lo largo de la fachada conformado por pequeños paneles decorados con motivos florales o geométricos y, a intervalos, una pequeña columna que unía los paneles que, a su vez, adornaba el pretil.

En el interior, se compuso la platea de acuerdo con las construcciones modernas de esta clase de edificios y, por lo tanto, el lunetario fue dividido en tres secciones: derecha, izquierda y centro. En la parte del centro se ubicaban las lunetas y cada fila no tenía más que cuatro localidades, de esta manera quedaban en la platea cinco pasillos, por lo que es grande la comodidad que se le procuraba al público. Tenía un salón de señoras y otro espacio para fumadores. El piso de la platea era de cemento y el de los palcos, de mosaico.

En el segundo piso estaba la galería, construida cómodamente con espaldar en las gradas para mayor comodidad del público. En la parte central de este piso se colocaron cómodas butacas destinadas a la localidad, denominada “asientos fijos”. Contaba con una gran escalera de mármol que daba acceso a la platea y otras dos de granito, que conducían al primer nivel. Todo el interior y cada una de sus paredes estaban decorados y las salas estaban profusamente iluminadas, para ello se estableció una dinamo propia, que podía suministrar corriente para 800 luces.

Hay que destacar que el Teatro Nacional  fue inaugurado días más tarde de ese mes de Abril, por lo que el Aguilera fue el que mostró, anticipadamente, algunas mejoras en su estructura constructiva, practicadas, luego, en escenarios teatrales erigidos en otras provincias y en la propia capital.

La apertura del magnífico escenario destinado a espectáculos diversos fue previamente preparada por sus propietarios. Organizaron una campaña publicitaria dentro y fuera de la provincia para atraer al público y ser estrenado por algunas de las excelentes compañías de óperas que visitaban, por aquel entonces, el país. La prensa de la época divulgó diferentes anuncios para su inauguración; primeramente, se previó para el 19 de diciembre de 1914; luego para el día 24 de febrero de 1915, hasta que finalmente el 30 de marzo de ese año se asegura en el diario “El Cubano Libre” que se inauguraría el 3 de abril de 1915, sábado de Gloria porque se estaba en semana santa.

Se efectúa una solemne apertura con la compañía de ópera italiana del maestro y tenor M. Sigaldi, que se hallaba trabajando en la capital, poniéndose en escena “La Traviata” de Giussepe Verdi. Los precios de la entrada fueron publicados en la prensa y, aunque se fijaron como precios populares, eran bastante altos. No obstante, un acontecimiento como el del momento inaugural de tan majestuoso teatro y el espectáculo a presenciar, requería de esos precios.

A las 8 y 15 de la noche del día 3 de Abril de 1915 dio comienzo la ceremonia, hecho que se anunció como un gran evento social y artístico. Las bandas musicales del Regimiento no. 3 de la Guardia Rural y del municipio de Santiago amenizaron la función a la que asistió el Gobernador Provincial, señor Rodríguez Fuentes y su esposa en representación del Presidente de la República, quien fuera invitado al acto. Hicieron uso de la palabra además del Gobernador, el Alcalde municipal, Prisciliano Espinosa, y el doctor Max Henríquez Ureña, destacado intelectual de origen dominicano establecido en ésta ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

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22 julio 2011 5 22 /07 /julio /2011 18:27

 

Apostol.jpg   “El hombre crece con el trabajo que sale de sus manos”, magnífico  precepto martiano que acompaña la praxis de muchos intelectuales  cubanos del siglo XX, puestos en función del desarrollo económico de la  sociedad a través del establecimiento de instituciones educacionales  destacadas en el panorama citadino como fueron el surgimiento de las  granjas escuelas a inicios de la pasada centuria.

 Fue para el año de 1909 cuando comienzan a surgir en el país las granjas  escuelas mediante la promulgación de una ley que establece la creación  de estas instituciones en todas las provincias, con lo cual el Estado  comenzó a dar muestras de preocupación por la enseñanza del trabajo  agrícola. Estipulaba la ley que las escuelas tendrían capacidad para 30  alumnos internos, entrando en éstas 15 cada año, la mitad, hijos de  campesinos, entendiendo por ello, al hijo del agricultor, cultivador de su  tierra, o aquel que hiciera una explotación agrícola en propiedad, en  arriendo o en aparcería, y, por no campesino, aquel que habitualmente residía en centros urbanos y vivía  de otras labores ajenas al cultivo de la tierra.

Las granjas escuelas se caracterizaban por la gratuidad de la enseñanza, así como la manutención, lavado de la ropa, servicios médicos y estomatológicos. La designación  de los alumnos corría a cargo de los ayuntamientos, encargados además de seleccionar a los ocupantes de las plazas vacantes cada año; en caso de que los ayuntamientos no hicieran los nombramientos oportunamente en ambos aspectos, el director de la escuela podía seleccionar, a los estudiantes a partir de las solicitudes directas de aquellos jóvenes que deseaban ingresar en la misma, siempre y cuando pertenecieran a la provincia donde radicaba la escuela. Estas solicitudes tenían que ser aprobadas por la Secretaría de Agricultura , Comercio y Trabajo.    

En Santiago de Cuba comienzan a darse los primeros pasos para la fundación de la Granja Escuela en febrero de 1910; el Secretario de Agricultura de aquel entonces, Dr.Martínez Ortiz, viaja a esta ciudad para, en coordinación con el Ayuntamiento, elegir el lugar donde se emplazaría el edificio y terrenos de la escuela. Entre algunos sitios examinados fue seleccionado el de los terrenos ubicados al pie del Arbol de la Paz; escogido, precisamente, por la magnitud de su territorio y por hallarse en un lugar histórico por excelencia. De inmediato, comenzaron a levantarse los tres volúmenes que conformarían la edificación destinado para Granja Escuela, ubicado en una pequeña colina cerca de la carretera y rodeado de un hermoso paisaje.(Donde hoy está ubicado el Hotel San Juan).

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En tanto se cumplían estas formalidades, también se procedió a la convocatoria para las pruebas de oposición de las diferentes plazas convocadas. Juan María se presentó en marzo de 1911 para ocupar las asignaturas de Nociones de Historia Natural, Zootecnia y Fitotecnia, exámenes  que aprobó, y por tanto, fue nombrado Catedrático Titular de la Granja Escuela Agrícola de Oriente.

Fue inaugurada el 11 de mayo de l913 en su salón de actos  y por altos funcionarios del Gobierno municipal y provincial y aprobada por la Secretaría de Agricultura en La Habana, el 1 de diciembre del referido año.

El trabajo de Ravelo como docente de asignaturas de ciencias, se vinculaba a la praxis, atendiendo a un reglamento escolar que propugnaba “la enseñanza de estas asignaturas con un carácter elemental y eminentemente práctico y de aplicación”, animado también por el hecho de que el único modo de avanzar en este empeño era “enseñar haciendo”, junto al convencimiento de que un agricultor de estos tiempos debía poseer información de toda una serie de materias representadas en las asignaturas que se les impartían en los dos años de estudios. 

Fue el fundador de la biblioteca de la escuela y autor de la revista Vida Agrícola y, de numerosas conferencias en inauguración de cursos académicos y actos culturales que se celebraban en la institución. Es designado director por disposición de la Secretaría de Agricultura en el curso de 1918 –1919, atendiendo a la labor desarrollada durante las primeras etapas escolares, determinantes para el triunfo de la enseñanza agrícola en la región oriental del país.

La proyección de Ravelo como director y maestro evidencia la necesidad de tratar el tema agrícola. Al leer sus intervenciones y memorias se comprueba que conoce a fondo la naturaleza cubana; flora y fauna son descritas para dar a conocer y justificar todo lo que debe hacerse en materia económica y agrícola por parte del Estado cubano, desdeña de esta manera, las diversas mercancías importadas, que ya en esta época abarrotaban los mercados cubanos, productos que podían ser cultivados en estas tierras. No obstante, se observa que muestra interés por equipararse a otros países, en cuanto al desarrollo de las granjas escuelas y las técnicas empleadas en las mismas, países (incluyendo a Estados Unidos) que ya para estos primeros veinte años del siglo XX llevaban la avanzada en materia agrícola.

Como maestro transmite o educa en defensa de valores nacionales, no sólo imparte  ciencias sino que enseña a amar la naturaleza y, por tanto, a la comunidad donde se nace. Sus aspiraciones son que el estudiante advierta lo que vale y puede  dar a su país desde muchos puntos de vista, para que lo económico sea esencialmente importante , ya que el progreso de ésta ayudaría a la consolidación republicana, por lo que manifiesta la importancia que tiene:              

orientar de manera franca y decidida a la juventud cubana hacia la agricultura como vía para que Cuba pueda alcanzar su independencia económica, tanto en época de guerra como en la paz, junto al afianzamiento de su prosperidad, el auge de la riqueza pública, el bienestar general en suma, sobre el que prácticamente se asienta el orden y se consolidan las patrias instituciones.

 Juan María fue hijo distinguido de su época y continuador de lo mejor de la tradición intelectual cubana y santiaguera; es, por eso, que en este aspecto concreto, pudiera considerarse continuador del pensamiento de José Martí.

Esta educación natural quisiéramos para todos los países nuevos”, así se refiere el Apóstol en 1882 con respecto al triunfo de las escuelas de agricultura en los Estados Unidos, concepción que se equipara con la razones expuestas por Juan María para defender la existencia de estas instituciones dentro del país, y señala que, “para ella ha de reclamar eficazmente el concurso patriótico que ha menester”;precisamente, porque se convirtió el tema agrícola en tarea de primer orden concretada a tono con las exigencias de una nueva época, la puntual anticipación martiana de que “nuestras tierras feracísimas, ricas en todo género de cultivos dan poco fruto y menos de los que debían por los sistemas rutinarios y añejos de arar, sembrar y recoger [...]” y enfatiza “surge de esto la necesidad inmediata: hay que introducir en nuestras tierras los instrumentos nuevos, hay que enseñar a nuestros agricultores los métodos probados con que en los mismos frutos logran los otros pueblos resultados pasmosos”.

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Juan María sitúa justamente la importancia del trabajo de la tierra, comparándolo con otras profesiones que tenían gran estima en la sociedad cubana de las primeras décadas del siglo XX. Lo fundamenta a través de dos métodos de enseñanza empleados en estos centros docentes: el intuitivo y el deductivo por el carácter práctico y experimental de la misma; considerados además, como las fortalezas de este tipo de docencia, formadora de valores morales al asumir el planteamiento de nuestro Apóstol enunciado al comienzo de este artículo de que “el hombre crece con el trabajo que sale de sus manos”.     

Sirva lo dicho para ponderar el bien hacer de una pléyade de hombres y mujeres que velaban por el desarrollo de su comunidad, puestos a tono con lo más avanzado que existía fuera del país a modo de enfatizar que en la República se puso de manifiesto un pensamiento humanista que trajo resultados favorables para toda la sociedad. Hay que ir a nuestras raíces para darnos cuenta que lo promulgado años después como un invento y logro social manifestaba su existencia desde los inicios del siglo XX.

 

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20 julio 2011 3 20 /07 /julio /2011 18:13

 

Emilio-Bacardi-Moreau-2.JPG Bacardí había fundado, el 12 de febrero de 1898, un museo y una biblioteca pública ubicados en una vivienda, la que con el decursar de los años se fue haciendo pequeña para contener las evidencias materiales y espirituales que brindaban ambas instituciones; de esta manera, tanto por el espacio como por el estado constructivo en que se hallaban las diferentes moradas por las que pasaron, se decide en 1921 por el Ayuntamiento Municipal el levantamiento de un nuevo edificio en el lugar que hoy ocupa el museo.

 El proyecto fue encomendado al arquitecto santiaguero Carlos Segrera Fernández y para su construcción el Ayuntamiento solicita a la Cámara de Representantes, la concesión del terreno comprendido entre las calles Pío Rosado, Heredia, Hartman y Aguilera.

En estas ingentes tareas cobró protagonismo la voluntad y el apoyo de Ravelo, quien ocupaba el cargo de concejal del Ayuntamiento y, además, fungía como vicepresidente del Comité Pro-museo el cual se crea para recaudar fondos para erigir el edificio y va estar integrado por intelectuales, artistas y otras figuras destacadas en el gobierno local, que apoyaron tan noble esfuerzo.

De esta manera, la presencia de Juan María se hace evidente en tres momentos de la historia de las instituciones, según los discursos inaugurales. El primero tuvo lugar el 22 de octubre de 1922, durante la colocación de la primera piedra a manera de símbolo en el sentido de que, como expresó Ravelo, la construcción del edificio constituiría “un templo al patriotismo, a la historia y al arte, una digna y perdurable gratitud y amor a aquel varón ejemplar, compendio de todas las virtudes ciudadanas”.

MUSEO-BACARDI_20.JPG MUSEO_BACARDI_7PRIMERA_PIED.JPG

Por supuesto, que se refiere a Emilio Bacardí y de hecho ambos estaban contribuyendo a la expresión de una identidad cultural necesitada de nutrirse de acciones de este tipo. La construcción del edificio moderno para su época urgía de un necesario apoyo popular, Ravelo lo ve como una tarea patriótica al expresar “los pueblos que hacen del patriotismo culto fervoroso y honran a sus muertos ilustres en sus obras, no pueden desaparecer pese a las adversidades del destino, porque son dignos de la inmortalidad.

De esta manera, el demandado concurso popular fue exitoso, ya que a sólo cinco años de haber pronunciado el discurso referido, se presenta nuevamente para inaugurar la biblioteca municipal, el 27 de agosto de 1927, ubicada en la planta baja del edificio que tuvo su entrada por la calle Aguilera. En este acto, Juan María reconoció el esfuerzo y el ofrecimiento de Elvira Cape, viuda de Bacardí; habla de sus cualidades humanas y resalta “su aporte sin tregua de grandes dispendios fácilmente comprensibles con sólo contemplar lo realizado, sirvió para definir el apoyo material por ella dado para la construcción del Museo-Biblioteca.

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Se hilvanan las anteriores intervenciones con su pronunciamiento el 20 de mayo de 1928, durante el acto oficial de la inauguración del Museo Municipal Emilio Bacardí; actividad que abrió definitivamente las puertas de una institución de la cultura santiaguera que tuvo entre sus objetivos primarios; el de “albergar una gran obra, consagrar un homenaje a la memoria de Bacardí y tributar una manifestación de gratitud a los que ayudaron a fomentar el desarrollo de la misma”.

En el contexto republicano de la segunda década, los discursos de Juan María reflejan un pensamiento de avanzada, compartido por otros intelectuales santiagueros que apoyaron la idea de Bacardí, hasta llevarla a vías de hecho. Por eso, la aparición en la ciudad del museo-biblioteca en los finales de los años 20, constituyó la reafirmación de cubanía de un grupo de hombres que se habían propuesto validar un pasado de historia y de lucha que involucraba a toda la nación; de ahí que, en éste, su discurso final, Ravelo plantee que

ahora es más necesario, porque parece existir la intención malévola de echar un manto sobre las verdades serenas e inviolables de la historia, empañando la nitidez y pureza de los hechos, nublando memorias y empequeñeciendo figuras.

Entonces, nada mejor que ofrecer todo un conjunto de objetos que encierran en sí historia y tradición dentro de un espacio vital, convertido en patrimonio cultural durante su devenir diacrónico, y cimero ejemplo de un triunfo sociocultural, llevado a cabo por santiagueros que en aquellos años ayudarían a rescatar y afianzar el sentimiento de pertenencia. 

Es considerado el primer Museo de Cuba, ejemplo fehaciente del modernismo que irrumpe en la arquitectura de la ciudad de Santiago de Cuba, de la mano de uno de los grandes arquitectos de la etapa republicana, Carlos Segrera, quien diseñó un edificio dentro de los códigos del eclecticismo, resultando una majestuosa e imponente construcción que llenó de novedad el ambiente citadino.

Su fachada principal presenta una amplia escalinata que da acceso a un pórtico flanqueado por monumentales columnas estriadas de orden corintio. Remata la misma un entablamento clásico hermosamente engalanado y en su frontón se exhibe el escudo de la ciudad.

Museo-Emilio-Bacardi_2.jpg MUSEO_BACARDI_18VISTA_INTER.JPG

Sus superficies exteriores aparecen texturadas a partir de uso de incisiones horizontales; su fachada lateral (por la calle Aguilera) está decorada profusamente a partir del empleo de pilastras adosadas, vanos de ventanas enmarcados por resaltes, cornisas, pequeños entablamentos, guirnaldas y recuadros moldurados.

Tres monumentales puertas de madera preciosa con detalles decorativos muy elaborados permiten la entrada al interior de la edificación. En sus inicios el edificio contaba con un amplio salón que recibía luz cenital y ventilación natural por medio de lucernarios y un monitor diseñados al efecto. Al fondo en destacada posición, estaba la monumental escalera que daba acceso a la galería superior.

 El edificio ha tenido varios momentos en su remodelación, la última que se le practicó quedó concluida con su reinauguración el 25 de julio de 1995, en saludo al 480 aniversario de la fundación de Santiago de Cuba. El museo ostenta la categoría de Monumento Nacional.    


 

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  • : Historia y Cultura de la ciudad de Santiago de Cuba a través de mis artículos e investigaciones y otras colaboraciones de colegas del terruño.
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  • Moraima Betancourt
  • Licenciada en Historia del Arte - 
Máster en Estudios Cubanos y del Caribe - 
Investigadora y Crítico de Arte independiente.
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